Cada mañana los responsables de cada contingente de ayuda
humanitaria internacional se reúnen con el coordinador general de
Naciones Unidas. Éste, les designa las zonas donde deben trabajar. Tras
la mecánica cita, justo a la hora de salir el sol, los organizadores de
cada territorio nacional mandan a sus grupos regionales al lugar
elegido desde las altas esferas.
Casi todos los grupos españoles trabajan en la tranquila zona 20, y hacia allí se dirigen un día sí, otro también. Tranquila y desolada,
cercana a la arteria principal de Delmas. Centros comerciales,
supermercados, hospitales, colegios y universidades. Los grupos de
ayuda humanitaria buscan víctimas vivas donde pueda haberlas, es decir, en los lugares donde el martes a media tarde había muchas personas congregadas.
Al grupo del Iae (Intervención, ayuda y emergencias) le ha tocado ir
a la Universidad Caribe, en cuyos bajos había una escuela infantil. "Priorizamos edificios o lugares donde pueda haber mucha gente como centros comerciales, hospitales o colegios",
explica Moisés Belloch, integrante del equipo. Añade: "El director del
colegio nos ha dicho que cuando ocurrió el temblor aquí había siete
clases de 45 personas cada una".
Comienza la búsqueda. Boby, un labrador adiestrado para encontrar
personas con vida, se da una vuelta por las ruinas. "Boby a veces tiene
miedo porque cuando el pavimento está inclinado, como es la ocasión,
patina y se cae", explica Moisés. Boby mira asustado a sus cuidadores y
empieza a resbalar.
Recuperar lo posible
Un equipo de rescate brasileño trabaja en un edificio derrumbado. | Reuters
Decenas de haitianos se reúnen en a la entrada del edificio. Algunos
para observar, otros porque quieren recuperar papeles o pasaportes para
salir del país. Yvorose Excellent, por el contrario, grita por otro motivo.
Corre hacia los integrantes de cooperación española y les grita muy
nerviosa que allí están su hermana Margarite y su mamá Yuna.
Momentos después aparece Mollie. Lleva una foto de su hijito Thierry
de tres años y medio. Aprendía a escribir cuando las paredes del
edificio se vinieron abajo. Desde la calle se ve un cadáver retorcido
aplastado entre los cimientos y la planta baja. Varios haitianos se
añaden al grupo para buscar sus cosas. Cuando encuentran una prenda de
vestir o algo reutilizable, se lo quedan.
Llega la excavadora. Comienza a retirar los escombros, a palazo
limpio. "Entre tanta gente tenemos la esperanza de encontrar alguien
con vida. Aunque estos conductores haitianos son un poco burros, la
verdad", explica Moisés. "Hay muy pocas posibilidades de encontrar alguien, pero si había alguna, se la han cargado",
añade otro miembro del grupo. Se acerca Mistre Donaus. Dice que: "Mi
hermano es estudiante de cuarto año en esta Universidad. Por favor,
ayudadme".
'¡Ayuda, mi familia esta viva'!
La parte de atrás del colegio es mucho peor. Los cadáveres se
vislumbran entre los cascotes. Un cráneo por aquí, una mano por allá.
El hedor es muy fuerte. "Necesitamos mantas", exige Moisés. La
población, en menos de dos minutos, abastece de mantas al equipo del
Iae.
Los profesionales retiran lo antes posible los cuerpos. No ha habido suerte, en Universidad Caribe no ha aparecido nadie con vida. Toca cambiar de localización. Hay para elegir, muchas más de lo que este gran equipo es capaz de digerir.
"Es casi imposible encontrar cuerpos con vida", opina otro integrante del grupo. "La próxima vez será". Siempre hay una próxima vez.
Un equipo internacional acaba de encontrar a tres supervivientes en el
hotel Montana. El conocido hijo de su dueña, ‘la sueca’ se empeño de
que su familia estaba allí con vida. "Ayuda, mi familia está viva".
'Es casi imposible encontrar cuerpos con vida', opina un integrante del grupo de rescate
Y aunque hayan pasado más de cuatro días, acaban de abrir una puerta
a la esperanza. Se prevé que las operaciones de rescate duren entre 10
a 18 horas, pero esta vez si sacarán a alguien vivo. Ni más ni menos
que tres personas. Siempre hay que guardar la esperanza.